E.T.A Hoffmann Haus

©10-e-t-a-hoffmann-haus-pic CC BY 3.0.

Como gran nación de cuentistas, Francia tiene a Charles Perrault, Dinamarca a Hans Andersen, el Reino Unido a Geoffrey Chaucer y Alemania, por su parte, a los famosos hermanos Grimm y al querido Hoffmann. Pero frente a esta casita, casi tan estrecha como un coche, solo nos interesa el último. Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, jurista de formación al servicio de la administración prusiana, fue un auténtico todoterreno del mundo artístico alemán de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Su fama, entonces y ahora, se debe sobre todo a su extraordinaria producción literaria. A él le debemos cuentos que muchos recordamos de la infancia, como “El hombre de arena”, “Las minas de Falun” o “El cascanueces y el rey de los ratones”. En 1820, su talento era ya una fuente de inspiración para numerosos artistas europeos y de otros lugares, entre ellos el compositor Jacques Offenbach. Además de su pasión por el dibujo y la pintura, fue la música la que ocupó un papel central en su vida, y precisamente en Bamberg se entregó de lleno a esta disciplina. Cuando no estaba en el teatro, componiendo o ejerciendo como crítico musical, vivía con su esposa en los dos últimos pisos de esta vivienda. En total pasó aquí cerca de cinco años, entre 1808 y 1813. Lo que un día fue su hogar se convirtió en 1930 en un museo de acceso público, donde, a través de un recorrido lleno de estímulos visuales y sonoros, puedes adentrarte en la obra y la personalidad del genio que fue E.T.A. Hoffmann.

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