Mont Saint-Martin

El Mont Saint-Martin es como el balcón de Lieja. Desde la Edad Media, esta colina domina la ciudad y atrae todas las miradas. En lo alto se alza con orgullo la basílica de Saint-Martin, y a su alrededor se instalaron antiguas familias liejenses que levantaron aquí magníficas residencias. Pasear por este lugar es descubrir un barrio a la vez residencial e histórico, donde cada fachada cuenta una página del pasado. Pero el Mont Saint-Martin también nos regala un guiño literario. Durante su viaje en 1838, el escritor francés Alexandre Dumas describió Lieja como “un anfiteatro de verdor y tejados”, una imagen que aún hoy refleja a la perfección el panorama que se contempla desde la colina. Se cuenta que, en una ocasión, Dumas pidió un trozo de carne en una posada liejense… y se lo negaron. Entonces se conformó con unos huevos, pero tampoco hubo suerte: estaban siendo incubados. Así que, dicen, se marchó de Lieja refunfuñando y con el estómago vacío. Años más tarde, en un banquete en su honor, le habrían servido dos huevos pasados por agua sobre una bandeja de plata, como una broma maliciosa en recuerdo de aquella desventura. ¿Verdad histórica o simple leyenda? Difícil saberlo. Lo cierto es que esta anécdota añade una nota de humor y fantasía al carácter, ya de por sí tan colorido, de la cité ardente.

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