Stari Pazar

Bienvenido al Stari Pazar, el viejo mercado de Split. Aquí no necesitas GPS ni mapa: basta con dejarte guiar por los aromas, los colores… y las voces. Porque este mercado es uno de los lugares más vivos, bulliciosos y auténticos de toda la ciudad. El Stari Pazar se extiende a lo largo del muro oriental del palacio de Diocleciano, justo detrás de la Puerta de Plata que acabas de cruzar para salir del complejo. Existe desde hace siglos, probablemente incluso desde antes: ya en tiempos romanos esta zona era un espacio de comercio. Pero fue sobre todo a partir de la Edad Media cuando el mercado creció hasta convertirse en lo que es hoy: el gran estómago al aire libre de Split. Aquí encontrarás frutas, verduras, hierbas aromáticas, quesos, miel, aceite de oliva, lavanda, higos secos, dulces con rakija… y todo un estilo de vida local. La mayoría de los productos vienen de los alrededores de Split, de las islas, de las colinas dálmatas o de pequeños pueblos que casi ni aparecen en el mapa. Este mercado es el reflejo perfecto de la gastronomía local: aquí se reúnen los ingredientes de los grandes clásicos de Split. La carne de res para preparar la famosa *pašticada* dálmata, ese guiso que se cocina a fuego lento durante horas y que es orgullo de la ciudad. Las acelgas frescas para el *soparnik*, esa tarta salada ancestral de Dalmacia. Las verduras que acompañan la *peka*, el plato emblemático cocinado bajo campana de hierro sobre brasas. Sin olvidar las especias para las *luganige*, las salchichas tradicionales, o los ingredientes de la *pogača*, ese pan aromático que cuenta la historia de las islas dálmatas. Y si agudizas el oído, escucharás el dialecto dálmata en plena acción. Aquí regatear no está mal visto, al contrario: es una forma de diálogo, casi un juego. El mercado despierta con las primeras luces del día, se calma al mediodía y se adormece por la tarde, cuando el calor aplasta los adoquines. El sábado por la mañana es cuando más se anima: los *splicani* vienen tanto a comprar como a pasear. Así que tómate tu tiempo. Respira. Escucha. Y si un vendedor te ofrece una aceituna, una fresa o un trozo de queso, no lo tomes como un compromiso de compra: es simplemente la versión dálmata de un “bienvenido a nuestra casa”.

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