
Go For Broke Monument
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Te encuentras frente al Go For Broke Monument, un monumento conmemorativo que rinde homenaje a los soldados nipono-estadounidenses que combatieron por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Inaugurado en 1999, fue diseñado por el arquitecto Roger M. Yanagita, cuyo proyecto fue elegido entre más de un centenar de propuestas llegadas de todo el mundo. El monumento adopta la forma de un gran muro semicircular de piedra negra pulida que parece abrazar un mástil con la bandera estadounidense, orientado hacia la trayectoria del sol. En este muro están grabados los nombres de más de dieciséis mil soldados Nisei, es decir, estadounidenses nacidos de padres japoneses. Estos hombres pertenecían a varias unidades que con el tiempo se volvieron legendarias. Su lema, “Go For Broke”, significa literalmente “apostarlo todo”. Resume el compromiso total de estos soldados frente a una situación paradójica: mientras combatían en Europa y en el Pacífico, sus propias familias estaban encerradas en campos de concentración dentro de Estados Unidos, tras la orden presidencial de 1942 dictada después del ataque japonés a Pearl Harbor. En el monumento, varias citas recuerdan el reconocimiento oficial a su sacrificio, entre ellas la del presidente Harry Truman: “You fought not only the enemy, but you fought prejudice, and you won.”, “No solo lucharon contra el enemigo, también lucharon contra el prejuicio, y vencieron”. La inscripción principal insiste en el alcance universal de esta historia: menciona explícitamente los “campos de concentración” y afirma que el legado de estos soldados debe servir como advertencia para que ningún grupo vuelva a ser privado de su libertad y de sus derechos civiles. Justo después del monumento conmemorativo, otra obra puede llamar tu atención. Se trata de una escultura llamada Airplane Parts, una pieza monumental compuesta por cerca de una tonelada de piezas de aviones recicladas, unidas mediante cables de acero inoxidable. Con más de siete metros de altura y extendiéndose casi veinte metros en diagonal, da la impresión de flotar en el aire, como un enredo de restos suspendidos en pleno movimiento. Nancy Rubins, su creadora, transforma aquí objetos industriales destinados a la destrucción en una forma orgánica y casi vegetal, que evoca al mismo tiempo un naufragio y una escultura viva.






