
Triforium
Mira hacia tu derecha. Cuesta saber si se trata de una escultura, de una torre futurista o de un vestigio de ciencia ficción de los años 70. Con sus tres grandes arcos de hormigón blanco que se elevan casi 18 metros de altura, parece una nave espacial posada en pleno Civic Center, justo frente al ayuntamiento. Diseñado en 1975 por el artista Joseph Young, el Triforium fue concebido como una obra revolucionaria que mezclaba luz, sonido y movimiento. Young lo imaginó como una torre interactiva capaz de transformar el paso de los peatones en música y destellos luminosos, gracias a cerca de 1.500 prismas de vidrio de colores y un carillón de 79 campanas. En su versión más ambiciosa, incluso soñaba con enviar haces de luz hacia el espacio para comunicarse con posibles formas de vida extraterrestre. Pero muy pronto la tecnología de la época mostró sus límites: el ordenador fallaba constantemente, la sincronización nunca funcionó del todo, y la obra se hizo famosa sobre todo por sus fallos, su coste desorbitado y sus apodos burlones, como “la rocola del millón de dólares”. Abandonado durante décadas, invadido por palomas y sumido en el silencio, el Triforium acabó convirtiéndose en el símbolo de un arte público fallido. Sin embargo, desde los años 2000 ha vivido una segunda vida: sus luces han sido restauradas, el sonido ha regresado en una forma más sencilla y hasta se han organizado conciertos a su alrededor. Hoy el Triforium ya no es una máquina futurista, es un monumento de culto, a la vez kitsch, visionario y entrañable, que refleja perfectamente los sueños, los excesos y la imaginación sin límites de Los Ángeles.






