

©Hajotthu CC BY-SA 3.0.
Aquí tienes el otro gran símbolo de la ciudad: su Casino. ¿Has notado que en Francia los casinos solo existen en estaciones termales o balnearias? No es casualidad, es una ley del siglo XIX que sigue vigente hoy. Por eso Deauville tiene su casino, inaugurado ya en 1864, mientras que en París no encontrarás ninguno. El edificio que ves ahora data de 1912 y fue diseñado por el arquitecto Georges Wybo, que se inspiró en el Gran Trianón de Versalles. Un verdadero palacio de los placeres frente al mar. La inauguración, en el verano de ese mismo año, estuvo a la altura de las ambiciones: 1.500 invitados acudieron a descubrir este templo del lujo y el entretenimiento. Al mismo tiempo abría sus puertas el Hotel Normandy, dando forma a la visión de Eugène Cornuché. Responsable también del éxito del casino de Trouville, tuvo la idea genial de ofrecer a Deauville un dúo único: un hotel fastuoso y un casino digno de las estaciones más elegantes. Tras su muerte, su sobrino político François André tomó el relevo y lanzó la aventura que daría origen al grupo Barrière. Desde entonces, Deauville se convirtió en una referencia internacional, donde el juego, la fiesta y la elegancia van de la mano. El Casino no es solo un lugar de azar: bajo el mismo techo reúne salas de juego, salones de recepción y espacios de espectáculo. El más famoso es sin duda el Salón de los Embajadores, que desde hace más de un siglo acoge cenas de gala, bailes, conciertos y espectáculos de prestigio. Y no olvidemos el cine, inseparable de Deauville. Cada año, el Festival de Cine Americano se instala en el Casino con proyecciones, galas y encuentros que perpetúan su imagen glamorosa. Si tienes un poco de tiempo, entra aunque no vayas a jugar: descubrirás una decoración elegante, con mármoles dorados y un ambiente festivo que revive la edad dorada de Deauville.






