Fort Saint-Elme

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Alza la vista hacia las alturas, justo encima de la bahía. Allí, en lo alto de la cresta, se levanta una imponente estrella de piedra: el Fort Saint-Elme. Incluso desde lejos, su silueta maciza llama la atención, como un guardián silencioso de Collioure y de toda la Costa Bermeja. Construido en el siglo XVI sobre los cimientos de una antigua torre medieval, el fuerte fue reforzado por Carlos V y más tarde por Vauban. Su forma estrellada, claramente visible desde el cielo, no es casualidad: fue diseñada para desviar los disparos de cañón y vigilar la frontera entre Francia y España. Durante siglos, soldados y centinelas se relevaron allí para proteger la costa catalana. Pero el fuerte también ha vivido momentos inesperados. En 1913, poco después de ser desmilitarizado, un tal Pablo Picasso se interesó por él. Fascinado por su aislamiento y sus vistas espectaculares, soñaba con instalar allí su taller. La idea causó bastante revuelo en todo Collioure, aunque el proyecto nunca llegó a realizarse. Y aún hay otro guiño curioso: el nombre del fuerte. Rinde homenaje a San Elmo, patrón de los marineros, protector durante las tormentas. Una leyenda cuenta que su espíritu aparece a veces en forma de pequeñas luces azuladas, los famosos “fuegos de San Elmo”, sobre los mástiles de los barcos. Como si el fuerte también velara en silencio por los hombres y por el mar. Hoy el Fort Saint-Elme se puede visitar; puedes subir a pie o en coche y disfrutar de una vista excepcional de Collioure, del mar y de las montañas. Y desde aquí, junto al agua, sigue dominando el horizonte, testigo de la historia, la leyenda y la inspiración de los artistas.

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