Fun Fact

Todo recorrido tiene sus pequeñas historias ligeras, de esas que se cuentan con una sonrisa en una terraza. Aquí van algunas anécdotas de Saint-Tropez que merece la pena conocer. Para empezar, el origen mismo de su nombre: vendría de Torpes, un oficial romano martirizado en el siglo I cuya tumba, según la leyenda, habría llegado flotando hasta aquí en una barca junto a un gallo y un perro. Una historia fundadora que dio al pueblo su identidad y su santo patrón. Luego están los corsarios, porque sí, no solo surcaban el Atlántico o el Caribe, también existían en el Mediterráneo. En los siglos XVII y XVIII, Saint-Tropez armaba sus propios corsarios, marineros autorizados por el rey para atacar barcos enemigos. El botín, repartido entre la tripulación y el pueblo, traía prestigio y prosperidad. Es decir, que este pequeño puerto sabía defenderse, y no solo pescar. Y claro, no se puede olvidar la tarta tropézienne. Creada por el pastelero Alexandre Micka en los años cincuenta, esta brioche rellena de crema podría haberse quedado como una receta familiar. Pero durante el rodaje de la película Y Dios creó a la mujer, Brigitte Bardot la probó, la hizo suya y le dio su nombre. Desde entonces, forma parte del paisaje como las velas blancas o las terrazas animadas. Tres historias que, cada una a su manera, cuentan algo esencial de la identidad tropense: entre leyenda, aventura y dulzura.

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