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Te encuentras frente a uno de los tesoros del patrimonio borgoñón: los Hospices de Beaune, el Hospicio de Beaune, también conocidos como Hôtel-Dieu. Es imposible pasarlos por alto con sus deslumbrantes tejados de tejas esmaltadas, decorados con motivos geométricos de vivos colores. Eso sí, no se ven desde fuera: hay que entrar para descubrirlos. Tras una fachada exterior más bien sobria, se abre un espectacular patio interior, bordeado por galerías de entramado de madera, buhardillas talladas y frontones puntiagudos. El conjunto combina elegancia y funcionalidad, con una clara búsqueda de luz, armonía y fluidez en la circulación. Estas tejas esmaltadas de Borgoña, en rojo, verde, amarillo y negro, se colocaron en el siglo XV y forman dibujos en rombos, típicos de la región. Su brillo al sol confiere al conjunto un encanto casi de cuento, que se ha convertido en un símbolo de Beaune. Esta obra maestra del gótico flamígero fue fundada en 1443, en plena crisis tras la Guerra de los Cien Años. El canciller Nicolas Rolin, al servicio del duque de Borgoña, decidió crear entonces un hospital para atender a los pobres. En aquella época, Beaune estaba asolada por la miseria y las epidemias. Este lugar se concibió como un refugio de caridad, pero también como un palacio de luz y belleza para los más desfavorecidos. En su interior, las hermanas hospitalarias cuidaban gratuitamente a los enfermos en grandes salas comunes, como la célebre Sala de los Pobres, con su techumbre en forma de casco de barco invertido. El conjunto incluía también unas cocinas modernas para la época, una farmacia, jardines e incluso una capilla integrada directamente en el recorrido de los pacientes. Pero el Hospicio es también un dominio vitivinícola. Gracias a las donaciones de viñedos, el establecimiento poseyó muy pronto sus propias parcelas, hoy clasificadas entre los mejores crus de Borgoña. Cada año, la célebre subasta de los vinos del Hospicio atrae a compradores de todo el mundo y sigue financiando, todavía hoy, el mantenimiento del monumento y las obras benéficas de la fundación. El Hospicio funcionó como hospital hasta 1971. Hoy son un museo excepcional que narra seis siglos de historia hospitalaria, religiosa y vitivinícola.






