

En el mundo de la repostería, todos conocen el eterno debate sobre el verdadero origen del macaron. Algunos lo atribuyen a Picardía, otros al País Vasco o incluso a Ardèche… pero esta pequeña delicia también rima con la ciudad de Nancy. Perfecto para saciar un antojo dulce, el macaron de Nancy nació, ante todo, de una historia de ingenio y supervivencia. A finales del siglo XVIII, dos hermanas del convento de las Damas del Santísimo Sacramento seguían una estricta dieta que les prohibía consumir carne. Para sobrellevar esta privación, sor Suzanne y sor Marie-Elisabeth comenzaron a preparar distintos dulces, entre ellos, el famoso macaron. Pero tras la disolución de la congregación en 1792, las religiosas fueron acogidas en casa de una compañera, a quien agradecieron su hospitalidad... ¡haciendo macarons! Desde entonces, la comercialización de estos dulces se disparó y las hermanas pasaron a ser conocidas como las “Hermanas Macaron”. En 1991, la tienda y su receta secreta pasaron a manos de la familia Genot, que continúa con el legado desde hace ya dos generaciones.






