

Frente a ti se alza La Martre de France, una de las joyas arquitectónicas más espectaculares de Saint-Étienne. Con un nombre así, uno ya espera algo fuera de lo común… y su fachada no decepciona. Construido entre 1904 y 1907 por el arquitecto Joanny Morin para el juez y próspero comerciante Preynat-Séauve, este edificio es todo un manifiesto del Art Nouveau. Su nombre proviene de la tienda de pieles que antaño ocupaba la planta baja. Levanta la vista y déjate deslumbrar por esta explosión decorativa: motivos florales, delicadas rejas de hierro forjado, miradores en forma de torreta coronados por cabezas de león, y esos magníficos girasoles esculpidos que parecen bailar sobre la fachada. Si te fijas bien, también descubrirás el caduceo de Hermes, dios del comercio, y el monograma “PS” del propietario, finamente grabados en la piedra. La hazaña es aún más notable si se piensa que el arquitecto tuvo que trabajar con una estrecha parcela en esquina. Esta limitación lo llevó a diseñar una fachada espectacular que compensa con creces las restricciones del terreno. Revolucionario para la época, el inmueble fue uno de los primeros de la ciudad en emplear hormigón armado, utilizando materiales innovadores como el cemento moldeado. Salvado in extremis gracias a su inscripción como Monumento Histórico en 1992 y restaurado por completo, La Martre de France se atreve con lo que otros no. En una avenida de fachadas más bien discretas, despliega toda la paleta del Art Nouveau con una audacia que sigue fascinando más de un siglo después de su construcción.






