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Has llegado al parque de la Perrine, el gran jardín público de Laval. Es un espacio gratuito y abierto a todos, a medio camino entre parque paisajístico y jardín botánico, situado en un promontorio que domina el río Mayenne. Es el lugar perfecto para hacer una pausa en plena naturaleza, en pleno centro de la ciudad. Su nombre aparece ya en la Edad Media, pero fue en 1885 cuando el municipio compró la propiedad para convertirla en un jardín accesible a todos. Algunas décadas después, en 1920, se le dio también una función de jardín botánico, lo que explica la riqueza de sus colecciones vegetales aún visibles hoy: una rosaleda, árboles notables como cedros del Líbano, tilos o incluso palmeras, y un estanque adornado desde 1993 con una escultura contemporánea. Es un espacio pensado para pasear, con una pequeña zona de animales y áreas de juegos. Aquí también puedes acercarte a saludar al Aduanero Rousseau. Su tumba, muy sencilla, lleva un poema manuscrito de Guillaume Apollinaire, un testimonio conmovedor de la amistad entre ambos artistas. Hoy el parque es un clásico tanto para los habitantes de Laval como para los visitantes. Si tienes algo de tiempo, calcula entre tres cuartos de hora y una hora para recorrerlo con calma, especialmente si vas con niños, que disfrutarán descubriendo la animalería. Paseando por el parque, busca un árbol muy especial: el ginkgo biloba, conocido también como “el árbol de los cuarenta escudos”. Es una especie antiquísima, casi un fósil viviente, que apareció mucho antes que los dinosaurios. Pero lo que lo hace realmente célebre es su increíble resistencia: al paso del tiempo, a la contaminación e incluso a la bomba atómica. En 1945, varios ginkgos de esta especie sobrevivieron a la catástrofe de Hiroshima en Japón, y pocos meses después, ya volvían a brotar, verdes y llenos de vida. Desde entonces, este árbol extraordinario se ha convertido en un símbolo universal de paz y resiliencia.






