

Monumento emblemático de Besanzón, la Porte Noire, la Puerta Negra, es, sin duda, la huella más impresionante que ha dejado la época romana en la ciudad. Tras conquistar la región de la antigua Séquanie, lo que hoy conocemos como Franco Condado, en el siglo I, los romanos transformaron y embellecieron Vesontio, el nombre original de Besanzón. Así fue como empezaron a levantarse numerosos edificios, como este magnífico arco construido hacia el año 175 d. C. Aunque se parece a un arco de triunfo, la Porte Noire no fue erigida para celebrar ninguna victoria concreta. Su función era rendir homenaje a la fidelidad del pueblo secuano hacia su emperador, Marco Aurelio. Si te fijas en los relieves tallados, verás figuras de dioses grecorromanos y escenas de batalla que evocan sus campañas militares más famosas. Con los siglos, el desgaste de la piedra y varios incendios oscurecieron su color original, de ahí el nombre que lleva hoy. El monumento también ha perdido un poco de su tamaño original, ya que más de un metro se ha hundido bajo tierra. Aun así, y pese a los estragos del tiempo, la Porte Noire sigue siendo uno de los grandes símbolos de Besanzón, sobre todo con el campanario de la catedral de Saint-Jean como telón de fondo.






