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Dentro de la familia de las siete puertas que tiene Nancy, te presentamos la Porte Stanislas. Como ocurre con muchos de los monumentos emblemáticos de la ciudad, esta arcada fue concebida dentro del gran plan de embellecimiento impulsado por el antiguo rey polaco cuyo nombre lleva. Decidido a dejar su huella principesca en la capital ducal de Lorena, confiada a él por su yerno, el rey Luis XV, Stanislas Leszczynski recurrió a su arquitecto principal, Emmanuel Héré, para materializar lo mejor posible su visión. Símbolo del paso de la ciudad nueva al casco antiguo, el monumento marcaba la llegada inminente a la plaza Real, que hoy conocemos como la plaza Stanislas. Era una especie de anuncio majestuoso que los comerciantes pagaban caro, ya que estaban obligados a abonar el “arbitrio municipal”, es decir, el impuesto sobre las mercancías, cada vez que entraban en Nancy. En la otra cara del edificio, no dejes de leer la discreta inscripción: “Porte de la Montagne”. Ese fue uno de sus antiguos nombres, simplemente porque se encuentra en lo alto de una suave colina. Y si miras el eje descendente de la calle hacia la plaza más icónica de Nancy, verás que no es ninguna exageración.






