

A tu derecha, en ese edificio de contraventanas azules, se encuentra la llamada Maison du Fauvisme. No es un museo en el sentido clásico, sino un espacio vivo, totalmente dedicado a la aventura artística que hizo de Collioure un lugar clave en la historia del arte moderno. Aquí puedes conocer más sobre el movimiento del fauvismo, nacido precisamente en este lugar en el verano de 1905. Ese año, Henri Matisse descubrió Collioure y se instaló aquí para pintar. Poco después se le unió André Derain, a quien había conocido unos años antes en París. Juntos quedaron fascinados por la luz intensa del sur, los colores vibrantes de las fachadas y los reflejos cambiantes del mar. Decidieron romper con las reglas académicas y dejarse guiar por el instinto. Su pintura se volvió más libre, más expresiva, casi salvaje. Simplificaron los contornos, eliminaron las sombras y usaron los colores puros, sin intentar reproducir la realidad. El resultado fue un auténtico impacto: sus cuadros, llenos de energía y contrastes, fueron considerados “violentos” por los críticos. En el Salón de Otoño de 1905, un crítico llamado Louis Vauxcelles, al ver sus obras expuestas junto a una escultura renacentista, exclamó irónicamente: “¡Donatello entre las fieras!”. La frase causó sensación, y sin proponérselo, acabó dando nombre al movimiento. Así nació el fauvismo. Breve pero revolucionario, marcó un punto de inflexión en la historia del arte al liberar el color por sí mismo. Y todo comenzó aquí, en Collioure. Dentro de la Maison du Fauvisme encontrarás una sala de exposiciones, reproducciones, documentos históricos y, sobre todo, recorridos guiados que te llevan tras las huellas exactas de los artistas por las calles del pueblo. También es el punto de partida del “Chemin du Fauvisme”, un itinerario señalizado con paneles que muestran las obras pintadas aquí, justo en los lugares donde fueron creadas. Un hermoso homenaje a la modernidad… y a la luz única de este pueblo.






