

©Romain Bréget CC BY-SA 3.0.
En Laval no todo son huellas medievales. Estás frente a una de las mansiones renacentistas más hermosas de la ciudad: la Maison du Grand Veneur. Fue construida en 1553 por Jacques Marest, un rico comerciante de telas, y refleja claramente la ambición y el éxito de la burguesía lavalesa del siglo XVI. No se trataba de pasar desapercibido en la Gran Calle, que en aquel entonces era la gran ruta real hacia París y Brest: la fachada debía ser un verdadero manifiesto de prestigio. Su nombre puede sonar intrigante. “Veneur” significa cazador a caballo que dirige la caza con jauría. Aquí, el apodo no viene del oficio de su propietario, sino de un adorno único que decoraba el tejado: tejas vidriadas que representaban escenas de caza con jinetes, perros y presas. Este decorado espectacular, realizado por alfareros de Thévalles, acabó dándole su nombre a la casa. Las tejas originales fueron retiradas a finales del siglo XIX y se conservan hoy en el museo del Castillo Viejo, pero el recuerdo ha quedado ligado al edificio. Actualmente la casa no está abierta al público, aunque sigue siendo uno de los mejores ejemplos de residencia renacentista del viejo Laval. Y, sobre todo, cuenta un momento clave de la historia: en el siglo XVI, los comerciantes adinerados empezaban a ganar protagonismo frente a los señores. Una evolución que continuaría con los siglos, dando cada vez más peso a las élites económicas y que ya nunca se revertiría.






