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Estás en el muelle de la Cuarentena, un nombre que no tiene otro significado que el de una práctica sanitaria fundamental en los grandes puertos de otros tiempos. La palabra “cuarentena” viene del italiano quarantina, que significa cuarenta días: una duración simbólica heredada tanto de la Biblia como de la medicina antigua. Se creía que, pasado ese tiempo, una enfermedad ya no podía desarrollarse. En la práctica, esto quería decir que los barcos que llegaban de lejos tenían que echar el ancla, la tripulación y los pasajeros quedaban aislados, y las mercancías se dejaban al aire libre o se desinfectaban antes de entrar en la ciudad. Para Honfleur, no era una simple precaución, era una cuestión de vida o muerte. El puerto sufrió pruebas terribles, como la peste de 1631, que duró dieciocho meses, o varias olas de cólera en el siglo XIX. En la época moderna, entre los siglos XVIII y XIX, Honfleur era un puerto colonial, con un flujo constante de intercambios con el extranjero y, con ellos, riesgos sanitarios permanentes. El muelle de la Cuarentena conserva ese recuerdo: medidas duras, sí, pero que protegían a la población de las enfermedades que llegaban por mar.






