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Siguiendo el Vieux Bassin llegas al Quai Sainte-Catherine, seguramente el rincón más emblemático de Honfleur. Frente a ti se alzan esas casas altas y estrechas, con fachadas de pizarra que se reflejan en el agua. Algunas son incluso anteriores a la creación del puerto, integradas aquí cuando la ciudad derribó sus murallas en el siglo XVII. Fíjate en su sorprendente verticalidad: a veces apenas cuatro metros de ancho, pero con cuatro o cinco pisos apilados como auténticos acantilados de pizarra. Y hay un detalle curioso: por el desnivel del terreno, lo que aquí es la planta baja, en la calle trasera se convierte… en el tercer piso. Eso daba lugar a escaleras retorcidas y a interiores casi laberínticos. Hoy son las terrazas, las galerías y los restaurantes los que llenan de vida el muelle. Pasea sin prisa, levanta la mirada hacia estas casas catalogadas y déjate llevar por la atmósfera única del Quai Sainte-Catherine.






