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Esta impresionante galería acristalada es la Galleria Umberto I, llamada así en honor al rey de Italia en el momento de su construcción. Si has estado en Milán, seguramente te recordará a la Galería Vittorio Emanuele II, y no es casualidad: ambas son muy parecidas, y su arquitecto se inspiró claramente en ella. Estas galerías cubiertas por espléndidas cúpulas de vidrio marcaron el inicio de una etapa de prosperidad y renovación urbana para Nápoles. Surgieron tras la aprobación de una ley de saneamiento urbano, que buscaba abrir espacios seguros donde pasear con calma y en los que pudieran instalarse hoteles y comercios con tranquilidad. Porque, en siglos anteriores, este barrio tenía mala fama, y la delincuencia era habitual en sus callejones mal iluminados. Por eso, la construcción de estas galerías supuso toda una revolución, con su estructura metálica majestuosa. Sus bóvedas altas y elegantes ofrecieron a los napolitanos un nuevo punto de encuentro donde se mezclaban tiendas de lujo, cafés con encanto y centros de negocios. Con entradas que dan tanto a la via Toledo como al teatro San Carlo, estas galerías comerciales, símbolo del renacer urbano, se convirtieron rápidamente en el lugar de reunión favorito de la alta burguesía. Hoy, tras haber pasado por una época de cierto abandono, han vuelto a ser un lugar vibrante de la vida napolitana. La Galleria Umberto I, al igual que la del Príncipe, forma parte del valioso patrimonio arquitectónico de la ciudad y bien merece una visita.






