Mole Antonelliana

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La ves casi desde cualquier punto de la ciudad, y por fin estás a los pies de la emblemática Mole Antonelliana. Construida en 1863 para ser la sinagoga de Turín, el proyecto, tan ambicioso como costoso, acabó saliéndose de control. Los trabajos, guiados por la imaginación del arquitecto Alessandro Antonelli, se alargaron tanto y dispararon tanto el presupuesto que la ciudad decidió comprar el edificio antes de que estuviera terminado y lo destinó a acoger el Museo de la Unificación Italiana. La Mole se completó en 1889 y, con sus 167 metros de altura, fue durante mucho tiempo el edificio más alto de Europa. Su arquitectura es una mezcla audaz de neoclásico y neogótico, rematada por una larguísima aguja que parece querer tocar el cielo. Es uno de los monumentos más icónicos de Turín… y de Italia. Bajo su cúpula monumental se encuentra, desde el año 2000, el Museo Nacional del Cine, el más grande de Europa y uno de los más importantes del mundo. Un paraíso para los amantes del séptimo arte. Y si quieres coronar la visita, puedes subir en el ascensor panorámico hasta el mirador, a 85 metros del suelo, para disfrutar de una vista espectacular de la ciudad y las montañas que la rodean. Eso sí, mejor reserva tu entrada con antelación para evitar las colas… y los dramas de última hora dignos de una película.

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