

©Maurizio Beatrici CC BY-SA 3.0.
Bianco, Rosso y Doria-Tursi: aquí tienes reunido, sin más ni menos, el trío estrella de los Palazzi dei Rolli, aquel antiguo sistema jurídico que permitió a Génova alojar a sus visitantes más ilustres en las residencias de sus familias aristocráticas más influyentes durante los siglos XVI y XVII. Considerado el más majestuoso de la Via Garibaldi, el Palazzo Doria-Tursi apareció en la capital ligur en 1565. Su fundador fue Niccolò Grimaldi, un hombre cargado de títulos nobiliarios y, además, banquero principal del rey español Felipe II. En apariencia, alguien a quien nada podía faltarle… y aun así, en 1593 Grimaldi quedó en bancarrota y no tuvo más opción que vender su palacio. Fue Giovanni Andrea Doria quien lo compró y lo puso en manos de su hijo pequeño, el duque de Tursi, de donde proviene el nombre actual del edificio. En su fachada principal, donde se alternan piedra rosa, pizarra gris y mármol blanco, destaca un imponente portal coronado por el escudo de Génova, prueba de que, además de ser una joya arquitectónica entre el Renacimiento y el Barroco, el Palazzo Doria-Tursi alberga desde 1848 la sede del ayuntamiento. Pero lo más interesante es su integración, en 2003, al polo museístico Strada Nuova. Igual que sus dos orgullosos vecinos, el Palazzo Rosso y el Palazzo Bianco, este palacio reserva un espacio especial para una colección de objetos de enorme valor, entre ellos varios efectos personales de Niccolò Paganini, considerado a menudo el mejor violinista de todos los tiempos. Su pieza más célebre es su violín favorito, el “Cannone”, cuyo valor es sencillamente incalculable.






