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El edificio rosado que tienes a tu izquierda es el Teatro Cívico de Cagliari. Se construyó para sustituir un antiguo teatro de madera que había sido levantado por iniciativa del marqués Zapata de las Plassas, quien soñaba con tener un teatro anexo a su palacio. Y la verdad, no era mala idea. En 1831, la ciudad compró el teatro, de ahí su nombre de “cívico”, y lo hizo reconstruir en estilo neoclásico. El nuevo edificio, de arquitectura elegante, tenía capacidad para 600 espectadores y se convirtió de inmediato en uno de los epicentros de la vida cultural y social de la ciudad. Pero el éxito no duró tanto como se esperaba: pronto apareció un competidor serio, el nuevo Teatro Cerruti, que ofrecía el doble de plazas y un gran escenario adaptado a espectáculos más ambiciosos. En 1911, el municipio tiró la toalla y cedió el Teatro Cívico a una empresa privada, que lo transformó en sala de cine. Lamentablemente, el edificio sufrió graves daños durante los bombardeos de 1942. Pero tras una restauración completa, finalizada en 2006, el Teatro Cívico ha vuelto a la vida y hoy acoge eventos culturales, conciertos, espectáculos y proyecciones de cine.






