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La Via Toledo es una de las calles comerciales más importantes de Nápoles. Con sus casi dos kilómetros, conecta el norte y el sur de la ciudad. Fue trazada en 1536 por orden del virrey de Toledo, de ahí su nombre. Marca la frontera entre el casco antiguo y el barrio español. En el siglo XIX alcanzó gran fama gracias a los relatos de jóvenes aristócratas que regresaban del llamado Grand Tour, lo que en el siglo XVIII era algo así como lo que hoy sería una vuelta al mundo con mochila. Si lo piensas bien, aquellos relatos eran como los blogs o cuentas de influencers de hoy en día, y por eso, en el XIX, todos querían pasear por la vía Toledo. Imagina la escena: carruajes, tranvías tirados por caballos, tiendas de ropa y guantes de alta calidad, y escaparates llenos de dulces en grandes cafés donde servían helados, café o leche aromatizada con vainilla. En 1840 fue incluso una de las primeras calles de Europa en contar con alumbrado de gas. En 1870, con la unificación italiana ya en marcha, el nuevo alcalde decidió cambiarle el nombre por Via Roma, en honor a la nueva capital del país. Pero la decisión no cayó bien y, tras años de polémica, la calle recuperó oficialmente su nombre original en 1980. Eso sí, muchos napolitanos seguían llamándola Via Roma, así que no te extrañe si escuchas ambas versiones. Aquí también tienes acceso al funicular central, en funcionamiento desde 1928, que te lleva sin esfuerzo hasta la colina del Vomero, donde te espera una de las mejores vistas de toda Nápoles.






