Arco de Dragones

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Delante de ti se alza el Arco de Dragones, uno de los pocos vestigios que aún se conservan de las antiguas puertas de Mérida. Construido alrededor de 1690, durante la época colonial, este arco marcaba una de las entradas a la ciudad y la frontera entre el centro habitado por los españoles y los barrios periféricos donde vivían poblaciones indígenas, mestizas y mulatas. Formaba parte de un ambicioso proyecto de fortificación pensado para proteger Mérida de los frecuentes ataques de piratas en la península de Yucatán, aunque la muralla completa nunca se llegó a terminar. Su nombre proviene del Cuartel de Dragones, una antigua guarnición militar que durante más de un siglo alojó a soldados llamados “dragones”, capaces de combatir a caballo o a pie. Observa su forma: un arco de medio punto enmarcado por pilastras sobrias, coronado por una estructura que recuerda a un pequeño campanario y con almenas que evocan la arquitectura militar. En la hornacina superior se encuentra una estatua de San Antonio de Padua con el Niño Jesús, recordando que el arco fue conocido en su momento como Arco de San Antonio. Hoy restaurado, el Arco de Dragones es uno de los tres arcos coloniales que aún se mantienen en pie en Mérida; encontrarás el segundo a pocos metros si sigues tu camino.

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