
Monumento a la Maternidad
©Joaquín Martínez Rosado - CC0 1.0. <https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.fr>via Wikipedia Commons
Mira a tu izquierda: en este pequeño parque se encuentra uno de los monumentos más simbólicos y cargados de historia de Mérida: el Monumento a la Maternidad, también llamado Monumento a la Madre. Inaugurado el 12 de octubre de 1928, esta escultura de mármol blanco de Carrara representa una escena íntima y llena de ternura: una madre se dispone a bañar a su bebé mientras su hijo mayor se inclina para besar a su hermanito, una imagen deliberadamente cotidiana y afectuosa. La obra es una réplica de una escultura parisina titulada “Maternité”, realizada originalmente por el escultor francés Charles Alfred Lenoir y reproducida para Mérida por su hijo, André Lenoir. Este monumento no es casual: fue el primero de su tipo en México, erigido dieciséis años antes del de Ciudad de México. Su creación se inscribe en un contexto político y social particular: en los años 20, el Yucatán estaba a la vanguardia de las luchas feministas bajo el gobierno progresista de Felipe Carrillo Puerto, que apoyaba el voto femenino, el divorcio e incluso la difusión de información sobre control de la natalidad. Estas reformas, lejos de ser aceptadas por toda la sociedad todavía conservadora, provocaron fuertes reacciones y llevaron al asesinato de Carrillo Puerto en 1924 por militares insurgentes. La Liga de Acción Social, opuesta a sus reformas, lanzó la idea de erigir un monumento dedicado a la maternidad, no como homenaje al feminismo, sino como celebración de la madre dentro del hogar. La escultura llegó por barco al puerto de Progreso en octubre de 1928, y su inauguración se convirtió en una ceremonia grandiosa con discursos oficiales, música, poemas y un desfile de miles de escolares arrojando flores a los pies del monumento. Desde entonces, el parque pasó a llamarse Parque de la Madre y el monumento se convirtió en un punto de referencia afectivo y urbano para los habitantes. Su historia sigue siendo ambivalente: símbolo de ternura y amor maternal para unos, recordatorio de un momento de retroceso político para otros.






