

Shutterstock
Perfectamente integrado en el mosaico cromático y arquitectónico de la plaza en la que se encuentra, el Monasterio de Santa Cruz es uno de los monumentos más antiguos e importantes de Coimbra. Bajo las directivas de los canónigos de la Orden de San Agustín y de Afonso Henriques, primer rey de Portugal, se fundó este majestuoso edificio en 1131. Además de albergar la casa monástica más influyente del reino de la época, el sitio religioso se convierte en la cuna de los primeros estudios medievales, donde se forman intelectuales y miembros del poder político. Más tarde, bajo el reinado de Manuel I, el lugar de culto fue objeto de una campaña de trabajos consecuentes, para borrar lo mejor posible los rastros de vetustez. Gracias a la intervención de los mejores artistas del país, soplan entonces vientos de cambio sobre la iglesia original, el claustro y la sala capitular. Paralelamente, el monarca se encarga de encargar nuevas tumbas monumentales, para los restos de los dos primeros reyes de Portugal. El primero, ya lo conoces, es Afonso Henriques, quien muy apegado al monasterio durante toda su vida, lo eligió como lugar para su sepultura. Y el segundo, no es otro que Sancho I, su hijo. Sin este largo episodio de construcción, el Mosteiro de Santa Cruz no sería la obra maestra que sigue siendo en la actualidad. La pieza central es este increíble porche del siglo XV, de estilo manuelino, en referencia al movimiento creativo desarrollado durante el reinado de Manuel I. Si pagas la entrada, ve primero a ver los frescos azules y blancos de azulejos, el claustro del silencio, las pinturas de la sacristía y el púlpito donde se sienta la persona que predica. Al igual que cualquier otro lugar imperdible, ¡aquí todo vale la pena!






