

©JoachimKohler BY-SA 4.0. <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.fr>via Wikipedia Commons
Estás en la Helvetiaplatz, una plaza rodeada de museos. El edificio que parece un castillo es el Museo de Historia de Berna, que recorre el pasado de la ciudad desde la Edad Media hasta nuestros días. En su segunda planta encontrarás además una fascinante exposición permanente dedicada a Einstein. Aquí se encuentran también el Museo de Historia Natural, el Museo de la Comunicación y, para los apasionados del alpinismo, el Museo Alpino Suizo. En el centro de la plaza se alza el imponente monumento conmemorativo del World Telegraph. La idea de erigirlo nació en 1908, durante una reunión en Lisboa, con motivo del futuro cincuentenario de la Unión Telegráfica Internacional, prevista para 1915. Esta organización fue fundada en 1865 en París por iniciativa del gobierno francés, con la firma de un convenio internacional entre veinte países, cuyo objetivo era armonizar las normas de los sistemas de comunicación. Es, de hecho, la organización intergubernamental técnica de coordinación más antigua del mundo. Desde 1947 forma parte de la ONU, y su sede fue trasladada de Berna a Ginebra. Hoy en día, sus funciones han evolucionado: gestiona frecuencias de radio, Internet y las órbitas de los satélites. Pero volvamos a nuestro monumento. El escultor italiano Giuseppe Romagnoli fue el encargado de realizar esta obra, que simboliza la unión espiritual de los pueblos a través de la comunicación. La figura femenina central representa a la propia Unión Telegráfica. Con los brazos extendidos, conecta a los personajes que la rodean, cada uno cargado de significado: un hombre sostiene un libro cerrado que representa el conocimiento del pasado, otro sujeta un libro abierto que simboliza el saber del futuro. También se pueden reconocer otras ideas representadas, como el trabajo, la familia, el sufrimiento, la fertilidad, la defensa de la justicia, la tristeza, la caridad o el esfuerzo físico. El monumento fue inaugurado en 1922, y en 1965 se añadió una placa de bronce con los nombres de los Estados miembros. Erigido frente al Museo de Historia, este conjunto escultórico recuerda el valor fundamental de la comunicación entre los pueblos, más allá de las fronteras y de los medios técnicos utilizados.






