

La Fuente del Ogro
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Aquí tienes una de las fuentes más famosas de Berna: la fuente del Ogro. Su nombre completo en alemán es casi impronunciable, pero traducido literalmente significa “la fuente del devorador de niños pequeños”. Bonito, aunque, con solo mirar la estatua, probablemente ya te habías hecho una idea. Representa a un ogro que se está tragando a un niño desnudo, mientras otros pequeños esperan su turno: algunos asoman desde el saco que lleva al hombro, otros cuelgan de su cinturón. En fin… esta fuente ha generado mucha controversia, no tanto por asustar a los niños, sino por las múltiples interpretaciones que se le atribuyen. Y entre ellas, hay una especialmente delicada, de carácter claramente antisemita. Fíjate en el sombrero del ogro: es idéntico al que la población judía fue obligada a llevar a partir del siglo XIII como distintivo. Ese sombrero, el Judenhut, acabó convirtiéndose con el tiempo en un símbolo de exclusión, perdiendo su valor tradicional. En aquella época, ya circulaban por Europa todo tipo de rumores infames: se decía que los judíos sacrificaban niños cristianos en rituales, que bebían su sangre, que los secuestraban… incluso se llegó a afirmar que los comían durante la Pascua. Por supuesto, no hace falta decirlo: todas esas acusaciones eran completamente falsas. Pero si la estatua del ogro realmente se inspira en ese tipo de leyendas, evidentemente, la cosa se complica. Otras teorías, menos polémicas, relacionan al ogro con el Krampus, una criatura del folclore alpino que acompaña a San Nicolás y se encarga de castigar a los niños que no se han portado bien en Navidad. Algo así como el anti-Papá Noel. Alrededor del pilar puedes ver a varios osos armados, listos para el combate, acompañados por un flautista y un tamborilero. Esta fuente aparece también en la novela El Ogro, de Jacques Chessex, que ganó el premio Goncourt en 1973 y fue llevada al cine una década más tarde.






