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Con o sin nuestra ayuda, lo más probable es que te hubieras detenido igualmente frente a esta curiosa construcción. Y es que no se ve algo así todos los días. Con su tono pastel, los tejados abuhardillados y las molduras de estuco que enmarcan las ventanas, la Heller Haus parece sacada de un cuento de hadas. Pero el encanto se queda en lo estético: en realidad es una casa burguesa que, como cualquier otra, tuvo un propietario de carne y hueso, y no precisamente una princesa. Lo siento. Construida a mediados del siglo XVIII, fue el lugar de nacimiento de Joseph Heller, un empresario local, historiador e investigador de arte. Sus amplias y valiosas colecciones —manuscritos, grabados y láminas antiguas— se conservan hoy en la Biblioteca Estatal de Bamberg gracias a la donación que él mismo dispuso antes de morir. En una ciudad donde muchos edificios tienen un aire imponente, la Heller Haus resulta especialmente ligera y refrescante. Y, además, es perfecta para una buena foto de recuerdo.






