

Estatua de Carlomagno
Al llegar a esta explanada, te encuentras de frente con la gran estatua ecuestre de Carlomagno. Erigida en 1868 por el escultor liejense Louis Jéhotte, recuerda hasta qué punto el emperador carolingio está ligado a la historia y a la identidad de la región. Porque aunque Carlomagno gobernó desde Aquisgrán, varias tradiciones sitúan su nacimiento mucho más cerca de aquí, en Herstal o en Jupille, dos localidades vecinas de Lieja. Fue ese orgullo local el que llevó a la ciudad a rendirle homenaje con un monumento de tal envergadura. Míralo: cinco metros de altura, montado a caballo, vestido con manto y túnica, y con el brazo extendido en un gesto de autoridad protectora. A sus pies, el pedestal alberga toda una galería familiar: Pipino de Landen, Pipino de Herstal, Carlos Martel, Pipino el Breve e incluso santa Begga, todos ellos ancestros que recuerdan el arraigo carolingio de la tierra de Lieja. Al decidir colocar esta estatua en pleno boulevard d’Avroy, la ciudad quiso asociar claramente su imagen a la de Carlomagno, “padre de Europa” y figura universal, pero aquí reivindicado como hijo de la tierra. Restaurada en 2012, la estatua sigue reinando con orgullo en el parque d’Avroy, símbolo histórico, identitario y cultural de la ciudad ardiente.







