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La encantadora plaza de San Francisco es uno de esos rincones de Cádiz donde el pasado y la vida cotidiana se mezclan con total naturalidad. Frente a ti se alza la iglesia de San Francisco, último vestigio de un enorme convento franciscano fundado aquí en el siglo XVI. En aquella época, todo el barrio pertenecía al monasterio: el Museo de Cádiz ocupaba el antiguo claustro, la Plaza de Mina era el huerto y la explanada donde te encuentras servía de gran patio de entrada. Al acceder al templo descubrirás una iglesia que combina elementos del siglo XVI con un decorado barroco del XVIII, con sus bóvedas estucadas, su gran retablo rococó y su torre de 1699 que aún domina la calle. La plaza en sí se divide en dos espacios: una zona pequeña e íntima frente a la iglesia y otra más amplia, que antiguamente acogía un mercado. Hoy es un lugar muy concurrido, animado por cafés, comercios y esa brisa marina —el famoso “fresquito”— que tanto disfrutan los gaditanos.






