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Aquí vamos a hablar, cómo no, del famosísimo Puente Nuevo de Ronda, pero para disfrutarlo aún más puedes girar a tu derecha y avanzar un poco hasta el mirador que tienes allí mismo. Desde este punto el puente se muestra en toda su grandeza: una estructura de casi noventa y ocho metros de altura que une la antigua ciudad musulmana con la parte más moderna de Ronda, justo sobre las gargantas de El Tajo excavadas por el río Guadalevín. Su construcción, iniciada en 1759 y finalizada en 1793, requirió treinta y cuatro años de trabajo tras el derrumbe del primer puente en 1741, un accidente trágico que costó la vida a cincuenta personas. El puente actual, levantado con enormes bloques de piedra, se eleva en tres niveles de arcos y se apoya en cimientos anclados directamente en la roca del cañón, una auténtica proeza técnica posible gracias a un ingenioso sistema de izado ideado por el maestro de obras rondeño Juan Antonio Díaz Machuca. Sobre el arco central se encuentra una sala de unos sesenta metros cuadrados que funcionó primero como prisión de bandoleros y más tarde como lugar de detención para presos políticos durante la Guerra Civil, antes de convertirse en un pequeño centro interpretativo dedicado a la historia del puente. Al contemplar hoy esta obra espectacular, percibes a la vez su función práctica, su papel decisivo en la unificación de la ciudad y la huella histórica que arrastra, marcada tanto por la inventiva humana como por los episodios dramáticos de su pasado.






