Puente Viejo

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Estás sobre el Puente Viejo, el “puente discreto” de Ronda, el que se descubre después del Puente Nuevo… y que muchos acaban prefiriendo, porque es más tranquilo, más íntimo y cuenta otra cara de la historia de la ciudad. Mira a tu alrededor: a un lado está el barrio de Padre Jesús, con su pequeña iglesia y sus callejuelas sencillas; al otro, la vieja ciudad, La Ciudad, encaramada al roquedo, que durante siglos fue el corazón fortificado de Ronda. Durante mucho tiempo, este pequeño puente fue uno de los pasos esenciales entre ambos mundos, mucho antes de que el gran Puente Nuevo le robara el protagonismo. Hoy el Puente Viejo es solo para peatones: no hay coches, solo el sonido de tus pasos sobre el empedrado, el viento en la garganta y el murmullo del río Guadalevín al fondo. Acércate con calma a los pequeños balconcillos laterales: se añadieron en una restauración reciente para que puedas disfrutar mejor del paisaje. A la derecha verás el río, treinta y un metros más abajo, y aún más abajo, aguas abajo, el pequeño Puente Árabe, el más antiguo de los tres, casi oculto en la hendidura del cañón. Justo al lado se distinguen los Baños Árabes, magníficamente conservados, de época nazarí, que aprovechaban el agua del río para alimentar sus salas frías y calientes. Al otro lado aparece el gigante de piedra, con sus grandes arcos dominando todo el valle. Visto desde aquí se entiende muy bien cómo la ciudad se ha construido por capas: primero el paso antiguo en el fondo, luego este puente en el siglo XVII y finalmente el gran puente del XVIII, como tres capítulos superpuestos. El Puente Viejo que pisas hoy data de 1616. Se reconstruyó después de que una riada se llevara el puente anterior, levantado a su vez sobre un paso más antiguo, probablemente andalusí y quizá incluso en el lugar de un puente romano. Los historiadores no se ponen del todo de acuerdo, y ese punto incierto añade un toque de misterio al paisaje. Durante siglos, por cierto, este fue “el puente nuevo”. Solo después de construirse el Puente Nuevo pasó a ser… el puente viejo. Y si te paras a observarlo un momento, verás que no ha perdido ni un ápice de encanto.

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