

©Daniel Villafruela. CC BY-SA 3.0.
El edificio de aspecto futurista que tienes delante es el Zénith, el estadio cubierto de Saint-Étienne. Con su estructura acanalada de aluminio y sus líneas depuradas, parece una nave espacial posada en el borde del barrio. Fue inaugurado en 2008 y diseñado por el arquitecto británico Norman Foster, uno de los grandes referentes de la arquitectura contemporánea. Si su nombre no te suena, tal vez te suene alguna de sus obras: el viaducto de Millau, en Francia, la cúpula del Reichstag en Berlín, o el famoso “Gherkin” de Londres —ese rascacielos curvado con forma de pepinillo que ya es todo un icono de la capital británica. Pero volvamos a Saint-Étienne. Si la ciudad confió en un arquitecto de este calibre, fue porque quería una obra potente, audaz y a la vez accesible. En su interior hay más de 7 000 plazas entre asientos y espacio de pie, una acústica muy cuidada y una programación variada: conciertos, espectáculos de humor, eventos para todos los públicos, artistas internacionales… Y resulta que el Zénith de Saint-Étienne es uno de los más grandes de Francia. Atrae público de toda la región de Auvernia-Ródano-Alpes, e incluso de más lejos. Este espacio forma parte de lleno en la reconversión del barrio Manufacture – Plaine Achille. Donde antes retumbaban las máquinas, hoy vibran los bajos y los aplausos. El edificio, visible desde lejos, también funciona como punto de referencia entre la ciudad y el estadio. Si tienes la oportunidad de asistir a un espectáculo, no lo dudes: la sala es modulable, cómoda, y la atmósfera siempre está a la altura.






