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Descubrir Génova sin hacer una parada en su puerto es como saltarse el primer capítulo de una novela: te faltan las bases para entender y disfrutar de la historia que viene después. Pegada a la colina pero siempre mirando al mar Mediterráneo, la capital ligur ha sido desde siempre un punto de encuentro entre mundos. Aquí algunos se convirtieron en grandes exploradores y otros en expertos comerciantes marítimos. En el siglo XVI, era en estos muelles donde latía el corazón de la actividad genovesa, con un incesante ir y venir de barcos cargados de especias, oro y piedras preciosas. Pero el pasado es el pasado, y en el Porto Antico las cosas han cambiado mucho. Tras décadas de abandono, el puerto fue objeto de una renovación colosal en los años noventa. Con motivo de los 500 años del viaje de Cristóbal Colón, Renzo Piano —un arquitecto local a quien también le debemos el Centro Pompidou— lo modernizó y lo devolvió a la vida. Los antiguos almacenes se transformaron en tiendas y espacios comerciales; se creó el Bigo, un ascensor panorámico con varios brazos blancos; y se inauguró el célebre acuario de la ciudad, reconocible por su biosfera de acero y vidrio. Pero en esta transformación no todo es modernidad: ¿has visto el imponente Galeón Neptune? Apareció nada menos que en la película Piratas, de Roman Polanski. El Porto Antico vive ahora dedicado al turismo y al ocio, y esa es, hoy por hoy, su nueva razón de ser.






