Via Garibaldi

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Via Garibaldi, por fin llegamos. ¿Por qué los genoveses —y los visitantes— tienen siempre estos dos nombres en la punta de la lengua? Seguramente por la belleza y la elegancia tan particular de esta avenida. A lo largo del siglo XVI, Génova era conquista, grandeza, gloria y poder. Gracias a sus alianzas y a su posición privilegiada frente al Mediterráneo, la ciudad convirtió su puerto mercante en su mayor ventaja y en la clave de su éxito económico. Testigo de una nobleza local y extranjera cada vez más influyente, Génova decidió transformar un antiguo terreno vacío en un barrio próspero, donde empezaron a levantarse una tras otra decenas de residencias y palacios imponentes. Así nació, en el borde del centro histórico, la Via Aurea, rebautizada primero como Strada Maggiore, luego como Strada Nuova y, finalmente, en 1882, como la actual Via Garibaldi. Este auténtico prodigio urbanístico reúne una quincena de pequeños palacios cuyos jardines cuidados y fachadas decoradas con estucos, mármol o pinturas refinadas captan todas las miradas. Tres de ellos están hoy abiertos al público, en horarios establecidos o con cita previa: el Palazzo Bianco, el Palazzo Rosso y el Palazzo Doria-Tursi. Más que suficiente para disfrutar a fondo de la belleza renacentista de la ciudad que fue y seguirá siendo “La Superba”, es decir, “La Magnífica”.

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