Böttingerhaus

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Aunque Bamberg concentra la mayoría de sus maravillas en un espacio muy reducido, créenos: otras que quedan un poco más apartadas también merecen toda tu atención. Un buen ejemplo es la Böttingerhaus, justo aquí. ¿Quién diría que en esta calle tan tranquila se esconde una de las casas barrocas más bellas de Bamberg, e incluso del sur de Alemania? Probablemente muy pocos, pero tampoco hace falta sorprenderse tanto. A comienzos del siglo XVIII, Johann Ignaz Böttinger, consejero privado del príncipe-obispo, mandó construir este palacio sobre los restos de dos casas medievales demolidas. De origen burgués pero cada vez más próspero, quiso que su residencia reflejara a la perfección su ascenso social. El arquitecto, cuyo nombre nunca se confirmó, se inspiró en los palacios italianos para cumplir los deseos del futuro propietario. El terreno era pequeño, inclinado, con poca luz y las obras fueron complicadas, pero el reto se superó con éxito. El resultado fue tan espectacular que despertó la envidia de los vecinos más acomodados. Igual que la fachada, los interiores se decoraron con mucho esmero: una escalera imponente, salas ricamente amuebladas, un patio cuidado, y mucho más. Eso sí, había un detalle curioso: no existían pasillos y la escalera que llevaba a las habitaciones estaba abierta al patio, lo que en invierno significaba un frío tremendo. En 1785 la Böttingerhaus se vendió por primera vez y, después, pasó por varias manos. Hacia 1900 volvió a ponerse a la venta, esta vez dividida en varias partes, y desde 1992 alberga una galería de arte. Qué mejor final para una obra maestra que, en todos los sentidos, cierra el círculo.

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