
Historia de La Paz
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¡Desde sus raíces andinas hasta las alturas de El Alto, la historia de La Paz da vértigo! Mucho antes de la llegada de los españoles, esta profunda hoyada ya vivía al ritmo de los pueblos aimaras, el Imperio de Tiwanaku y los incas. En 1548, el conquistador Alonso de Mendoza funda aquí Nuestra Señora de La Paz para celebrar la paz entre los propios españoles, ¡que se disputaban las riquezas!
De ahí viene el nombre de la ciudad. Muy pronto, esta abandona el altiplano para instalarse en el valle, mucho más resguardado de los vientos helados. La Paz se convierte entonces en un importante centro del comercio colonial, por donde desfilan caravanas de mulas cargadas de provisiones para abastecer las frenéticas minas de plata de Potosí.
Pero atención: aunque estamos a más de 3600 metros de altitud y el clima es fresco, ¡La Paz tiene sangre caliente! En 1781, el líder aimara Túpac Katari somete a la ciudad a un asedio infernal de varios meses en su lucha contra la opresión colonial. Y 28 años después, Pedro Domingo Murillo encabeza una revuelta que prende la mecha de un gran movimiento por la independencia en toda Sudamérica.
En 1825, Bolivia consigue finalmente su libertad, pero la historia no acaba ahí. Sucre se convierte en la capital oficial, mientras La Paz va ganando cada vez más peso económico. ¿El resultado?
En 1899, tras una guerra civil relámpago, La Paz se queda con la Presidencia, el Gobierno y el Parlamento. ¡Así comienza el famoso sistema de las dos capitales! El siglo XX tampoco da tregua.
Entre la herida de la guerra del Pacífico contra Chile, que deja al país sin acceso al océano, y la Revolución de 1952, que concede el derecho al voto a toda la población, la ciudad vive en permanente efervescencia. Y termina incluso desbordándose hacia las alturas, dando origen a su hermana de las cumbres: El Alto, bastión popular y aimara situado a 4000 metros de altitud, que llevó a Evo Morales al poder y abrió el camino al reconocimiento de los pueblos indígenas. Hoy, visitar La Paz es atravesar mil historias a la vez: un entramado colonial suspendido entre las nubes, donde la memoria de las revoluciones se cruza con el orgullo del Estado Plurinacional.
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