
La coca
©Marcello Casal Jr.ABr, CC BY 3.0 BR httpscreativecommons.orglicensesby3.0brdeed.en, via Wikimedia Commons
Levanta la mirada: sobre tu cabeza flota un techo multicolor formado por paraguas suspendidos. Tranquilo, no es la altitud la que te está haciendo alucinar: estás en la Calle de los Paraguas. Se trata de una colorida instalación contemporánea.
Continúa hasta el número 906 de esta misma calle Linares. Aquí se encuentra el Museo de la Coca, un espacio enteramente dedicado a una hoja sagrada que, por desconocimiento, a menudo se malinterpreta o se rechaza. Si hay algo que debes tener claro desde el principio, es que la hoja de coca no es cocaína.
La cocaína es un derivado químico altamente concentrado, extraído de la planta por químicos europeos. En Bolivia, la hoja de coca, cultivada desde hace más de 1.500 años, es una planta natural rica en minerales y vitaminas. En la cultura andina, la coca es un auténtico pilar social, medicinal y espiritual.
Se utiliza para aliviar el cansancio, los efectos de la altitud, el hambre y el frío, así que tienes que probarla. No se conoce de verdad Bolivia hasta haber masticado una hoja o dos. Además, masticar coca también es un gesto de cortesía: ofrecer unas cuantas hojas es la mejor manera de entablar una relación o iniciar una conversación.
La planta también desempeña un papel fundamental en el ámbito espiritual. En las ceremonias se utiliza a menudo el k'intu de coca, un pequeño conjunto de tres hojas perfectas, elegidas con cuidado. Después de soplar suavemente sobre ellas para transmitirles una intención, se ofrecen a la Pachamama.
Los yatiris también interpretan las energías observando cómo quedan dispuestas las hojas de coca al arrojarlas sobre un tejido. No lo hacen para predecir el futuro como simples adivinos, sino para ayudar a comprender una dificultad, recuperar la armonía y encontrar el camino adecuado. Y tú, ¿te animas a probar la experiencia?
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