Puente de los Dragones

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Estás frente a uno de los lugares más emblemáticos de Ljubljana: el Puente de los Dragones. Con sus cuatro criaturas de cobre de aspecto amenazante, se ha convertido en la imagen más reconocible de la ciudad. Pero antes de él, aquí solo había un sencillo puente de madera, conocido como el Puente de los Carniceros. Tras quedar dañado en el gran terremoto de 1895, fue sustituido pocos años después por esta obra de ingeniería inaugurada en 1901: el primer gran puente de hormigón armado de Eslovenia, recubierto de asfalto y, en su momento, uno de los más modernos de Europa. Detrás de sus arcos está la innovación de Josef Melan, pionero del hormigón armado, mientras que la ornamentación modernista fue obra del arquitecto Jurij Zaninović, discípulo de Otto Wagner. Los dragones, fabricados en Viena, no estaban previstos al principio: se pensó en poner leones con alas, pero al final fueron ellos quienes se impusieron y acabaron convirtiéndose en el símbolo de Ljubljana. De hecho, aparecen en el escudo de la ciudad y en la torre del castillo, recordando la leyenda de la fundación. Según el mito, Jasón y los Argonautas, tras robar el Vellocino de oro, habrían luchado contra un temible dragón en los pantanos cercanos a Ljubljana. Jasón lo derrotó, y la criatura quedó en el imaginario como guardiana de la ciudad. Ese es el dragón que hoy vigila la capital eslovena, heroico y aterrador a la vez. Con el tiempo surgieron otras historias, como la que dice que los dragones mueven la cola cuando pasa una joven virtuosa. Más allá de la anécdota, este puente sigue siendo un símbolo poderoso: una mezcla de modernidad técnica, refinamiento artístico y leyenda ancestral.

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