

La Plaza de Mina es una de las plazas más agradables de Cádiz, llena de paseos sombreados, pero también guarda algunas historias sorprendentes. Cuesta imaginar que aquí, en sus orígenes, no había un jardín sino el huerto del convento de San Francisco, donde los monjes cultivaban frutas, verduras y plantas medicinales hasta bien entrado el siglo XIX. Solo después de las desamortizaciones de 1836 este terreno pasó a manos de la ciudad y fue totalmente transformado. La plaza debe su nombre a un auténtico héroe de aventuras: en el centro se alzaba antaño una estatua del general Espoz y Mina, célebre guerrillero que luchó contra las tropas napoleónicas. Era tan reconocible que los vecinos empezaron a llamar al lugar “Plaza de Mina”… incluso después de que la estatua desapareciera misteriosamente, sin que hoy se sepa qué fue de ella. Al pasear por sus alrededores también encontrarás fachadas ligadas a historias personales, como la del número 3, donde nació Manuel de Falla. El compositor más famoso de Cádiz vino al mundo aquí en 1876, y cada 23 de noviembre —su fecha de nacimiento— se le rinde un pequeño homenaje musical ante la casa. A lo largo del tiempo, la plaza ha tenido muchos nombres, incluso “Plaza del Generalísimo Franco” durante la dictadura, pero, pese a los cambios oficiales, para los gaditanos ha sido casi siempre, sencillamente, “Mina”.






