Basílica de Fourvière

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Es imposible no fijarse en la Basílica de Fourvière, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, que se alza frente a ti sobre lo alto de la colina. Su arquitectura, tan particular, combina influencias bizantinas, góticas y románicas, fruto de las distintas modificaciones que ha ido experimentando a lo largo de su historia. Varias leyendas y promesas religiosas explican el origen de este impresionante edificio que tienes hoy ante ti. En el siglo XII, en la colina de Fourvière no había más que una sencilla capilla. En el siglo XVII, la peste amenazaba con llegar a Lyon y, para proteger la ciudad, los regidores prometieron subir cada año a Fourvière si la epidemia se detenía. Su deseo se cumplió, ya que la enfermedad no llegó a afectar a la ciudad. En 1830, el campanario de la capilla se derrumbó. Fue reconstruido rápidamente y coronado con la Virgen Dorada, que hoy puede verse desde numerosos puntos de Lyon. Esta estatua de bronce, de más de tres toneladas, además dio origen a la famosa Fête des Lumières de Lyon. Su inauguración estaba prevista para el 8 de diciembre de 1852, pero una fuerte tormenta cayó sobre la ciudad y obligó a las autoridades a aplazar la ceremonia. Sin embargo, los habitantes de Lyon, con ganas de celebrar y de rendir homenaje a esta emblemática estatua, decidieron encender velas en las ventanas de sus casas, iluminando toda la ciudad al caer la noche. Así nació la Fête des Lumières, que desde entonces se celebra cada año en esas mismas fechas con espectaculares iluminaciones sobre los principales monumentos de la ciudad. ¡Una cita que no deberías perderte si alguna vez tienes la oportunidad de visitar Lyon en esa época! Pero volvamos a la historia de esta majestuosa iglesia. En los años posteriores a la inauguración de la estatua, Fourvière se convirtió en un importante lugar de peregrinación y pronto surgió la necesidad de construir un edificio más grande. El arzobispo prometió levantar un nuevo santuario dedicado a la Virgen María si los ejércitos prusianos perdonaban la ciudad durante la guerra. Y, una vez más, su deseo se cumplió. Siguiendo los planos del arquitecto Pierre Bossan, la primera piedra de la basílica se colocó en 1872. Bossan le dio un marcado estilo bizantino, inspirado en la catedral de Palermo, en Sicilia. Veinticuatro años después, la impresionante Basílica de Fourvière estaba terminada, a excepción de su decoración interior, que no se completaría hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Las cuatro torres de este auténtico monumento representan las virtudes cardinales: Fortaleza, Justicia, Prudencia y Templanza. Y precisamente por ellas, o quizá por culpa de ellas, los habitantes de Lyon acabaron apodando cariñosamente a la basílica «el Elefante al revés». Sublime, espectacular, única... sobran los calificativos para describir la que hoy es uno de los grandes símbolos de Lyon, encaramada en la colina que lleva su mismo nombre.

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