
Bretaña en tu mesa
@Shutterstock
Mira a tu alrededor. Entre el irresistible aroma a mantequilla caliente y el animado ambiente de las terrazas, ¡este es el momento perfecto para darte un capricho gastronómico! Carnac no es solo un tesoro histórico, también es el lugar ideal para descubrir toda la riqueza de la gastronomía bretona.
Por un lado, está la Bretaña del mar. Y aquí, la estrella indiscutible es la ostra de Carnac. Criada a dos pasos de aquí, en la famosa ensenada del Pô, comparte protagonismo en los puestos de los mercados y en los platos con mejillones de bouchot, almejas y marisco fresquísimo.
Todo un concentrado de sabor a mar para disfrutar en una terraza. ¡Y, además, es bueno para la salud! Por otro lado, está la Bretaña de tierra adentro y sus tradiciones populares.
¿Notas ese delicioso aroma que sale de las creperías? Se lo debemos al trigo sarraceno. Antaño un alimento básico en el campo bretón, la galette de trigo sarraceno se ha convertido en toda una leyenda de la gastronomía.
Con huevo, queso o una buena loncha de andouille de Guémené, la gran especialidad de charcutería de Morbihan, es algo que tienes que probar. Todo ello, por supuesto, acompañado de un buen cuenco de sidra bretona o de un chouchen, que tradicionalmente se sirve bien frío. ¡Y guarda sitio para el postre!
Ya lo sabes: en Bretaña, la mantequilla salada no es una opción, es una religión. Déjate tentar por el mítico kouign-amann. ¡La receta está en el nombre!
En bretón, kouign significa «pastel» y amann, «mantequilla». Así de sencillo: se trata de una masa de pan trabajada mediante pliegues, como un hojaldre, con una dosis muy generosa de mantequilla semisalada y azúcar. Al hornearse, todo se carameliza hasta formar una corteza dorada y crujiente que esconde un interior increíblemente tierno.
Otra estrella de los escaparates de las pastelerías es el far breton, o farz forn, que significa literalmente «far al horno». A medio camino entre un flan y un clafoutis, en sus orígenes era una sencilla papilla rústica de cereales. Y aquí va una curiosidad: ¡el far tradicional, en su origen, se comía solo, sin nada más!
Las ciruelas pasas se incorporaron más tarde, de la mano de los marineros bretones, que las llevaban a bordo porque se conservaban muy bien durante las largas travesías marítimas. Ya seas más de una gran mariscada, de una galette crujiente o de un dulce hojaldrado, a tu alrededor tienes donde elegir. Y eso viene de maravilla, porque para eso están las vacaciones.
Así que... ¡a disfrutar de todos estos sabores!
Vos commentaires, idées et suggestions
Aucun avis pour le moment






