Cómo llegar a los alineamientos del Ménec

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Si sigues por la rue de Courdiec durante aproximadamente un kilómetro, llegarás a los famosos alineamientos del Ménec. El yacimiento está demasiado lejos para incluirlo en este recorrido por el centro de la localidad, pero, evidentemente, ¡era imposible no hablar de él! Así que, tanto si decides acercarte ahora como si prefieres hacerlo más adelante durante tu estancia, aquí tienes algunas claves para comprender mejor lo que vas a descubrir.

A estas alturas ya sabes qué es un menhir. Pero en el Ménec no importa únicamente cada piedra por separado, sino la forma en que más de mil fueron organizadas en conjunto. ¡Imagina once largas hileras de menhires extendiéndose a lo largo de casi un kilómetro!

Para hacerte una idea de la verdadera magnitud del lugar, intenta olvidar por un momento las carreteras, las vallas y las casas actuales. Imagina el paisaje hace más de 6.000 años: el nivel del mar era más bajo y, probablemente, algunos monumentos podían verse unos desde otros. Las piedras no estaban allí para decorar el territorio: lo organizaban y daban un significado especial al paisaje.

El primer detalle en el que debes fijarte se encuentra en uno de los extremos del yacimiento, junto al pequeño núcleo de población. Allí, las hileras de menhires confluyen en un gran recinto ovalado de unos 70 por 90 metros. Varios milenios después de su construcción, probablemente ya desde la Edad Media, se levantaron casas dentro del propio recinto.

¡Así que el pueblo del Ménec está literalmente instalado en el interior de un monumento prehistórico! Hoy, casas, jardines y antiguas granjas se mezclan con las piedras erguidas. Es una buena muestra de que el lugar nunca estuvo completamente aislado: siguió habitado, cultivado y transformándose con el paso de los siglos.

Y hay otra idea preconcebida que conviene olvidar: las once hileras no son perfectamente rectas y regulares de principio a fin. Algunas se acercan entre sí, cambian de dirección o desaparecen, mientras que las piedras van disminuyendo de tamaño. Estas irregularidades se explican en parte por la destrucción y el desplazamiento de algunas piedras.

Pero también podrían revelar distintas fases de construcción. Es decir, el Ménec no tuvo por qué concebirse y terminarse de una sola vez. Podría ser el resultado de un proyecto ampliado y transformado a lo largo de varias generaciones.

Y hay una piedra en particular que parece contar una historia aún más antigua. A unos cien metros del recinto se alza un esbelto menhir de más de tres metros, conocido como el Gigante del Ménec. Más alto y estilizado que los que lo rodean, podría haber existido antes que las hileras actuales y haber sido incorporado posteriormente al conjunto, como si nuestros antepasados hubieran continuado, a su vez, la obra de sus propios antepasados.

Pero queda, por supuesto, la gran pregunta: ¿por qué levantaron tantas piedras? Hay que reconocerlo: no lo sabemos. Probablemente, los alineamientos no eran un calendario astronómico, como se llegó a pensar, y tampoco tienen nada que ver con los druidas, que vivieron varios milenios después.

Los arqueólogos tienden a interpretarlos más bien como un espacio colectivo, simbólico y quizá sagrado. Las hileras podrían haber guiado el recorrido hacia los recintos o señalado el paso entre dos espacios: de un lado, el mundo cotidiano y, del otro, un lugar reservado a las ceremonias, los antepasados o lo sagrado. Es una hipótesis sugerente, pero mientras no inventemos una máquina del tiempo, será imposible demostrarla por completo.

Pero tampoco hace falta saber exactamente qué sentido tenía todo aquello para comprender la magnitud de la hazaña. Hubo que transportar y levantar los bloques, pero también coordinar a un gran número de personas. ¿Cómo pudieron estas comunidades de agricultores y ganaderos dedicar tanto tiempo y energía a un proyecto colectivo que iba mucho más allá de las necesidades de la vida cotidiana?

¿Podían siquiera imaginar que, más de 6.000 años después, unos visitantes emocionados y perplejos caminarían por este inmenso paisaje monumental sin conseguir descifrar su misterio? Si quieres saber más, acércate a la Casa de los Megalitos, situada frente al yacimiento. Sus exposiciones, vídeos, maquetas y terraza panorámica permiten comprender mejor el conjunto de los alineamientos.

También es el punto de partida de las visitas guiadas, especialmente recomendables para quienes quieran profundizar en las distintas hipótesis y continuar investigando uno de los grandes misterios de la Prehistoria.

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