De la playa a la talasoterapia

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Antes de que se construyera el bulevar Chanard, donde te encuentras ahora, aquí no había más que un litoral salvaje. Después llegó toda la puesta en escena del Quiberon elegante y balneario. Concebido ya en 1884, pero inaugurado a comienzos del siglo XX, este paseo marítimo nació con la ambición de atraer a veraneantes adinerados y ofrecerles un lugar de recreo a la altura de sus aspiraciones.

Fíjate en las villas que bordean el paseo: aquí puedes olvidarte de la sobriedad bretona. Durante medio siglo, los arquitectos dieron rienda suelta a su imaginación, compitiendo por crear la fachada más espectacular. Estas llamativas mansiones servían para exhibir el éxito social de sus propietarios.

Con sus 900 metros de arena fina orientados hacia el sur, la Grande Plage recibía a los veraneantes con los brazos abiertos. Pero la historia de amor entre Quiberon y los beneficios del océano no terminó ahí. En 1964, la localidad dio un paso más e inauguró una nueva era con la talasoterapia moderna, gracias a un tal Louison Bobet.

Tras sufrir un grave accidente de tráfico, el tres veces ganador del Tour de Francia descubrió las propiedades curativas del agua de mar durante su rehabilitación. Fascinado por el lugar, se asoció con el alcalde de la época para fundar uno de los primeros grandes centros de talasoterapia de Francia. De campeón del ciclismo a pionero del bienestar marino, Bobet llegó incluso a pilotar él mismo el avión taxi que llevaba a las celebridades de París a Quiberon.

¡Menudo cambio de rumbo!

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