

El rey Gradlon y San Corentin
Paisajes que quitan el aliento, tradiciones ancestrales profundamente arraigadas, pueblos con carácter, una apertura constante al océano, y una gastronomía de locura, yodada, dulce o generosamente mantecosa: Bretaña nos hace viajar. Y cuando sus leyendas más ilustres y sus mitos se entrelazan, va aún más allá: nos fascina y nos hace soñar. En Quimper, dos figuras mantienen viva esa fina línea entre lo real y lo imaginario. Hablamos, por supuesto, del rey Gradlon y de San Corentin, unidos para siempre por la ciudad y su catedral. Te lo contamos. Según la leyenda, Gradlon, rey de Cornouaille, habría fundado Quimper tras haber escapado del hundimiento de la ciudad de Ys. Una ciudad majestuosa que él mismo hizo construir para su adorada hija Dahut. Pero la princesa, aficionada a los amores fugaces, acabó entregando las llaves de la ciudad a un misterioso joven… que resultó ser el diablo. Sin sus diques protectores, Ys fue tragada por el mar. Solo Gradlon y San Guénolé lograron sobrevivir. Años más tarde, mientras cazaba con su séquito en el bosque de Ménez Hom, el rey se pierde. Hambriento y agotado, llega por casualidad a la ermita de Corentin. Este lo acoge y le ofrece de comer… un pez mágico, que se regenera en cuanto se le corta un trozo. Fascinado por el milagro, Gradlon nombra a Corentin primer obispo de Cornouaille. Y más aún: le entrega su propio castillo, en la confluencia de los ríos, para que construya allí una catedral. Hoy en día, una estatua de Gradlon montado en su fiel corcel Morvac'h se alza entre las agujas de la catedral. Dicen que desde allí no solo vigila Quimper, sino que lanza una mirada lejana hacia Ys, la ciudad sumergida que le arrebató a su hija. Y en el interior del edificio, encontrarás también la estatua de su amigo y salvador: San Corentin. Acompañado de su famoso pez, no tendrás dificultad en reconocerlo.
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