

La llegada de Benjamin Franklin
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Por el nombre del muelle, la placa junto al agua y ahora este gran medallón pintado, ya habrás comprendido que aquí Benjamin Franklin tiene algo que ver. Pero ¿qué vino a hacer a Saint-Goustan? En realidad, su destino era Nantes, pero los vientos contrarios le impidieron entrar en el Loira para llegar hasta la ciudad.
Bueno, Nantes, Saint-Goustan… al fin y al cabo, tampoco hay tanta diferencia, sobre todo si recordamos que América fue descubierta buscando las Indias unos siglos antes. Así que fue precisamente aquí, en Saint-Goustan, donde el célebre estadounidense, cuyo retrato aparecería mucho más tarde en los billetes de 100 dólares, pisó por primera vez suelo francés, el 4 de diciembre de 1776.
Retrocedamos un poco en el tiempo. Por aquel entonces, las trece colonias británicas de América acababan de proclamar su independencia. Pero la guerra contra Gran Bretaña estaba todavía lejos de estar ganada.
Frente a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, los insurgentes necesitaban desesperadamente dinero, armas, barcos… y, sobre todo, un aliado de peso. ¿Y cuál era entonces el gran enemigo de Gran Bretaña?
¡Francia, por supuesto! Trece años antes, la guerra de los Siete Años había terminado con una dura derrota para Francia, que había perdido la mayor parte de sus posesiones en América del Norte, entre ellas Canadá. Apoyar a los insurgentes era, por tanto, una oportunidad perfecta para debilitar a su gran rival y cobrarse la revancha.
Así fue como Benjamin Franklin, a sus 70 años, fue enviado a Francia con una misión crucial: convencer al reino de Luis XVI de que apoyara a la joven nación estadounidense. Salió de Filadelfia el 26 de octubre de 1776 a bordo del Reprisal, acompañado de sus dos nietos: Temple, de 16 años, y Benny, que solo tenía 7. Tras una dura travesía de aproximadamente un mes, el barco llegó a la bahía de Quiberon.
Deseoso de volver a pisar tierra firme, Franklin subió entonces a una embarcación más pequeña que lo llevó hasta aquí, al modesto puerto de Saint-Goustan. Y su primer contacto con Francia fue de lo más inesperado: en lugar de recibirlo unos diplomáticos, se encontró con varios campesinos bretones con los que, según cuenta una anécdota, mantuvo un auténtico diálogo de sordos. ¡Curioso comienzo para una misión destinada a cambiar el curso de la historia!
Nada más desembarcar, se puso a escribir. En varias cartas fechadas en Auray cuenta que la travesía lo había dejado muy debilitado, pero confiaba en que el buen aire de tierra firme le permitiría recuperar pronto las fuerzas. También aprovecha para preparar la continuación de su viaje hacia Nantes y, después, París.
Su misión acabaría durando mucho más de lo previsto. Tras meses de negociaciones, Franklin contribuyó a conseguir que, en febrero de 1778, Francia y los jóvenes Estados Unidos firmaran dos tratados. La ayuda francesa, especialmente militar y naval, desempeñaría después un papel decisivo en la victoria estadounidense.
En otras palabras, cuando Franklin puso el pie en este muelle, nadie podía saberlo todavía… pero una página esencial de la historia de Estados Unidos acababa de empezar a escribirse en el pequeño puerto de Auray.
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