
Los perdones bretones
GilberteSwann, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
Acércate a esta elegante fuente de granito e imagina esta pequeña plaza llena de peregrinos… ¡pero también de decenas de bueyes y vacas llegados de los campos de los alrededores! Esta fuente, construida en 1661, era una de las grandes paradas de los perdones de Saint-Cornély.
Pero antes de seguir, quizá te estés preguntando qué son exactamente los perdones bretones. Se trata de una celebración religiosa que tiene lugar cada año en honor al santo protector de una parroquia o una capilla. Según el lugar, los fieles acuden para pedir protección para los marineros, la curación de una enfermedad, buenas cosechas o, como aquí, la salud del ganado.
Después de la misa, suele celebrarse una procesión en la que los habitantes acompañan cruces, estandartes y, en ocasiones, reliquias del santo. Estos perdones combinan peregrinación, fiesta popular y un gran momento de encuentro para toda la comunidad. Antiguamente, en Carnac, los campesinos llevaban sus bueyes y vacas hasta esta fuente y les echaban un poco de su agua sobre la cabeza, con la esperanza de protegerlos de las enfermedades y asegurar la prosperidad del rebaño.
En una sociedad en la que los bueyes eran indispensables para arar los campos y la salud del ganado podía determinar la supervivencia de una familia, esta bendición se tomaba muy en serio. Los tiempos han cambiado, pero los perdones de Saint-Cornély no han desaparecido: todavía se celebra el segundo domingo de septiembre. Hoy es más raro ver grandes rebaños de ganado, pero los habitantes, los caballos y otros compañeros de cuatro patas siguen manteniendo viva esta antigua tradición de Carnac.
Existen celebraciones parecidas en otros lugares, pero en Bretaña estos perdones han adquirido una importancia muy especial: ¡cada año todavía se celebran cerca de 2.000!
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