
Recuerdos de Bretagne
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¿Te apetece llevarte un pedacito de Carnac a casa? Ya sea para deleitar a tus seres queridos, encontrar un objeto único o simplemente prolongar un poco la magia de las vacaciones, la ciudad está llena de propuestas gastronómicas y artesanales. Si hablamos de sabores, el producto estrella de aquí es la ostra de Carnac.
Criada en la ensenada del Pô, es famosa por su delicioso toque a avellana. Si el viaje de vuelta te lo permite, puedes comprarlas directamente a los ostricultores. Y si no, no te preocupes: siempre puedes apostar por productos fáciles de transportar.
Un tarro de caramelo de mantequilla salada, una botella de sidra artesanal, unas conservas de pescado o un paquete de galletas bretonas de mantequilla siempre son un acierto. Pero si buscas un recuerdo 100 % Carnac, ¡adéntrate en el mundo de los megalitos! Para evitar los típicos objetos genéricos fabricados al otro lado del mundo, pásate por la tienda del Museo de Prehistoria.
Es toda una mina para encontrar recuerdos con algo más: magníficos libros sobre el Neolítico, artículos de papelería originales, además de numerosos juegos educativos, puzles y actividades creativas para niños. Si te gustan el arte y la decoración, date una vuelta por las tiendas de creadores del centro y por el mercado de Carnac. Es el lugar perfecto para encontrar auténticas piezas artesanales hechas a mano: cerámica, joyas o artículos de decoración inspirados directamente en el océano y los menhires.
Y, por supuesto, ¡no puedes marcharte sin el famoso tazón bretón con asas y tu nombre pintado! Aunque históricamente procede de Quimper o de Pornic, lo encontrarás en las tiendas de recuerdos de toda la ciudad. Y en verano, no te pierdas los mercados nocturnos: ¡el ambiente vale mucho la pena!
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