

Tres hechos sobre Montpellier
Cuando llegues a Montpellier, descubrirás mucho más de lo que imaginabas. ¡Ese es el trato! Aunque su historia comienza hacia el año 985, la ciudad está llena de rincones sorprendentes. Si paseas por las callejuelas del Écusson, puede que te cruces con unos medallones dorados en los adoquines: muestran una concha de Santiago rodeada de las palabras "Camin Roumieu", es decir, "camino a Roma". Estos símbolos marcan el paso del camino de Arlés hacia Santiago de Compostela. Se dice que en la actual plaza Jean Jaurès, los peregrinos cambiaban su dinero antes de seguir el viaje. Un poco más allá, a la izquierda del mercado Castellane, verás la calle de la Draperie Rouge. Su nombre recuerda la gran especialidad medieval de Montpellier: los paños finos de color rojo, teñidos con cochinilla, un insecto de la Garrigue. Estos tejidos se exportaban hasta Oriente y enriquecieron la ciudad. Por último, no se puede hablar de Montpellier sin mencionar su legendaria Facultad de Medicina. Aquí estudió François Rabelais, más famoso como escritor renacentista que como médico. Llegó en 1530 y se alojó con Guillaume Rondelet, un profesor... muy entusiasta: se dice que llegó a diseccionar hasta a su esposa. Desde entonces, la tradición perdura: los estudiantes defienden su tesis vestidos de rojo y juran ante la estatua de Hipócrates, bajo el lema de la facultad: “Antaño, Hipócrates era de Kos, ahora es de Montpellier”.
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